En la primera parte de esta serie de artículos planteamos nuestro desacuerdo con que “los hábitos que propenden a la sostenibilidad menguan el confort y la calidad de los servicios” y que son ajenos al objetivo económico esencial de la rentabilidad.
Quizá exista una relación de causa efecto; por ello, también nos ha parecido obvio preguntarnos: ¿cuál es la diferencia de calidad entre el servicio que no aplica una política de RSC y otro que sí? o más específicamente: ¿qué diferencia produce para el cliente, el hotel y la sociedad las prácticas responsables sobre las prácticas convencionales?
Aunque la respuesta puede ser “sí, hay una diferencia substancial en favor del cliente, de la empresa y de la sociedad” lamentablemente la explicación de esta declaración no es sencilla, y quizá sea su complejidad el elemento detrás en el cual se ampara, en el mejor de los casos el facilismo, la ignorancia y la necedad y, en el peor, la rapiña con la que algunos, sin el menor asomo de escrúpulo, roban a nuestra especie despojando a las generaciones venideras de su más preciosa herencia.
En estos artículos tendremos que explicar y demostrar que una rigurosa política de RSC añade al producto un valor incalculable pues produce un aumento significativo de la efectividad y la eficiencia como consecuencia de que el individuo se realice tanto en el plano psicológico como en el social, así como hacer de la organización motor de un desarrollo económico auténtico (el desarrollo no sostenible es un contrasentido) así como centro de progreso de la cultura y de su diseminación a escala social, y esto último, muy condensadamente, puesto que cultura y trabajo son dos nociones que se presuponen.
Intentaremos evidenciar como la realidad que se construye mediante la RSC se refleja en un servicio excelente que llega al cliente colmando sus expectativas y revelándole la intimidad y significado del nexo entre calidad y sostenibilidad. Y, por último, como, al procurar conjurar el peligro de desastre ambiental y del drama humano asociado a éste, la aplicación de una política de R.S.C. sintetiza en el plano social, como su natural corolario, la moralización y enaltecimiento de la esencia del ser humano, sustrayéndolo del vacío de ser un mero espectador y parte del problema, para devolverle su naturaleza como protagonista y parte de la solución.
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